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     Hace mucho tiempo, realicé un documental titulado Mi pantalla mágica. En él esbozaba lo que había sido la prehistoria del cine: diferentes inventos e inventores, las primeras proyecciones y también los primeros problemas comerciales. Algunos años después, el Colectivo Artymagen y por mediación de mi buen amigo el periodista Miguel Villegas, se hizo un pequeño cuadernillo recogiendo los textos del documental. Esta pestaña recoge un poco esos textos con diferentes imágenes, creo que es un trabajo interesante y por ello me atrevo incluirlo en esta página


 
a modo de prólogo


LA IMAGEN QUE NOS HIZO HOMBRES


      Sonreí, donde todo era triste; respiré sin aire puro; fui libre en la esclavitud; aprendí, cuando todo era hostil al saber; hablé lo que pude, aunque no se podía hablar. Pude superar treinta y nueve años de oscuridad gracias al cine.
     Aunque tampoco las películas escapaban al kontrol general, siempre quedaba algo que entender, un panorama desconocido al que asomarse, algún personaje modelo que seguir, a veces, advinando entre fotograma y fotograma, su espiritualidad, su rebeldía o la expresión de su libertad. Podíamos vernos en ellos, y sabíamos que éramos capaces de ser como ellos.

     Incluso, en ocasiones, la burda torpeza del censor dejaba escurrir entre sus garras verdaderas perlas de teoría, ocupado como estaba en la trivialidad de limitar la duración de un beso, o de convertir en inocente parentesco la obvia relación amorosa.
     Aprendimos bastante entre pulgas y las chinches de la miseria, en la oscura sala de cine de barrio, y a los gritos de ¡sonoro! ¡sonoro! cuando fallaba el sonido, o las tremendas pataletas cuando se rompía la película, sin olvidar la gaseosa de pito, el bombón helado o las pipas.
     Ahora, los años han pasado, y casi nada es como entonces. La industria del cine ha crecido mucho. La crisis de valores ha subvertido los modelos. La competitividad ha enrarecido las relaciones humanas que antes creíamos lógicas y naturales. La violencia tiene justificación con muy diversos motivos. Los nacionalismos inventan guerras. El integrismo tribal mata a los que son diferentes.
     Algunas de esas lacras motivan, sin duda alguna, muchas películas. Hay excesivas dosis de violencia. Pero también podemos ver ternura, sensibilidad, amor y solidaridad. Se han liberado los demonios de la agresividad y sin embargo, están presente los valores humanos que verdaderamente pueden regenerar a todos.
     Tenemos ahora en las pantallas el mundo entero. Lo podemos ver todo. Podemos ejercer la sublime facultad humana de elegir. Poseemos el poder de valorar sin que nadie nos dicte al oído. Existe la posibilidad de ver casi reflejadas nuestras vidas y se nos ofrece la ocasión de adivinar nuestro futuro.
     Vamos entonces a recomendar ir al cine, saber de cine, leer sobre cine. Si la lectura nos cansa, efecto siempre de mala enseñanza, o vicio de aprendizaje, no nos preocupemos, veamos una película. Mientras podáis ver una película, seguiréis aprendiendo a vivir.


 Miguel Villegas


MI PANTALLA MÁGICA

 
LOS PRIMEROS PASOS




 
      Desde tiempos primordiales, el hombre plasmó todas sus impresiones en los elementos propios de su época. Su vida cotidiana, incluso sus sueños quedaron reflejados como mudos testigos de pasados acontecimientos. El arte rupestre nos supuso el conocimiento del hombre del paleolítico de la misma forma que si estuviéramos contemplando un documental, escenas recogidas en frías cuevas demuestran la obsesión del hombre por retener la imagen y con ello una evolución de millares de años.


 
     Toda la cultura y decadencia de civilizaciones pasadas han logrado sobrevivir con el paso de los años, a través de los documentos encontrados, tanto en obras como en escritos, marcadas en la piedra o reflejada en sus pinturas, estas civilizaciones siguieron las pautas prehistóricas de la escena impresa, del grabado y de la imagen. Siempre, como si fuera un inmenso archivo, el documento es el reportaje primitivo, la secuencia fría, de ella hemos hecho la leyenda, incluso el misterio. Esta falta de vida se suplían con perfectas reproducciones fijas, pintura y escultura llegaron a tal perfección que las obras parecían adquirir todo el movimiento que se les negaba.
 
 

     Con el paso de los siglos la voz acompaño a la imagen, un personaje hizo su aparición en la edad media, el explicador. Narraba imágenes, historias de trágicos amores, crímenes terribles, secuencia a secuencia, cuadro a cuadro, el explicador iba aclarando aquellos desventurados sucesos, mientras el pueblo escuchaba y se imaginaba las sombrías escenas con inusitado interés, el arte se traslado al episodio con un poco de aventura y teatro.


     Una nueva forma fue apareciendo a escena, las sombras chinescas, su nacimiento en oriente, su presentación en Europa en el siglo XVIII en la corte de Versalles. Ni que decir que supuso una conmoción, sería en Versalles, en el siglo XIX y en el renombrado "Chatnoir", albergue y punto de encuentro de bohemios donde adquirió su punto culminante.


      La gran revolución sin duda alguna y el invento por excelencia y que más se acercaría a la pantalla de proyección, sería la linterna mágica. La representación gráfica más antigua que se conoce de este instrumento, data de 1420 y el diseño es de Giovanni Fontana. Este antecedente del cine, tendría su propia teoría en 1267 por el monje inglés Roger Bacon "a grandes rasgos este instrumento consiste, en una caja cerrada con un agujero provisto de un lente, a través del cual penetran, ampliándose, los rayos reflejados por los objetos, cuya imagen aparece en una pantalla".

 
     La linterna mágica tuvo en seguida un amplio comercio, a finales del siglo XVIII se realizaron diversos espectáculos que dieron importantes beneficios. El más famoso de todos ellos fue en el París de sus días revolucionarios el denominado fantoscopio del inventor y aventurero Étienne Robertson, persona digna de cualquier hazaña fantástica, conocido por sus invenciones como el barco aéreo, o el paracaídas que construyó para regalárselo al emperador de la China.


      El fantoscopio proyectaba formas y figuras variadísimas sobre una pantalla transparente, estas figuras eran casi siempre macabras, y hasta el mismo Bonaparte era entusiasta de este espectáculo.


A LAS PUERTAS DEL CINE





     Continuando con las series de inventos que antecedieron al cine, y dejando a la linterna mágica como reina de la pantalla, nos fijamos ahora en el invento de John Ayrton Paris del año 1824 el denominado como thaumatropo. Haciendo girar dos disco de cartón, en uno de los cuales había una jaula vacía y en el otro un pájaro, se tenía la impresión por la superposición de imágenes de formar un sólo dibujo. Este invento no pasó de ser un juguete curioso.



     Emile Reynaud revolucionó todos los espectáculos que hasta entonces, y como el fantoscopio de Robertson, traían a la gente de cabeza, y además se avanzaba un importante escalón hacia el movimiento de las imágenes, se le llamo praxinoscopio. Este aparato consistía en que las imágenes se proyectasen sobre una pantalla por medio de un sistema de espejos. El público se situaba al otro lado de aquella. Reynaud bautizó su aparato con el nombre de teatro óptico y se instaló en el museo de Grevin.
     Por este museo desfilaron desde 1892 hasta 1900 más de 500.000 personas y se dieron 13.000 representaciones.



     Reynaud tuvo un final desgraciado, aquejado de una grave enfermedad, y en un gesto desesperado arrojó al Sena, unas semanas antes de morir, las bandas de dibujos realizadas por el mismo y que servían de proyección para su teatro óptico.

     Los prolegómenos del cine llegaron con la fotografía merced a dos hombres modestos, Joseph Nicéphore Niepce y el pintor Daguerre. Niepce era el científico, Daguerre el artista. En 1822 Niepce consiguió imágenes obtenidas en la cámara oscura. En 1835 Daguerre encuentra el medio de recoger sobre su placa, por él preparada, la imagen reproducida por la cámara oscura.

   

   El profesor Marey, inventó lo que el mismo bautizó con el nombre de fusil fotográfico. Este aparato permite reproducir las fase del movimiento


      Obteniendo 11 imágenes en una placa giratoria se conseguía una fracuencia básica de movimiento, estamos hablando del primer tomavistas.




     El invento del séptimo arte nace con pleitos, para los americanos la invención del cine fue de Edison, para los franceses los hermanos Lumiére y los alemanes piensan que fue su compatriota Skladanowshy, por si fuera poco los ingleses defienden a Williams Friese Greene.


     Los hermanos Lumiére patentan el 13 de febrero de 1895 un aparato que permite la obtención y visión de imágenes. Toda una evolución de inventos dan como resultado uno de los mayores mercados del mundo


     El 22 de marzo del mismo año, y en la sala de sociedades fotográficas de Francia, Luis Lumiére presenta el cinematógrafo, ante los asombrados ojos de los presentes, su primer fotograma: la salida de los trabajadores de su fábrica



EL CINE




     Este puede considerarse como el primer cartel de cine anunciando el cinematógrafo en el café "Salón Indien" de París en 1895. Toda una novedad y un fenómeno social que iría evolucionando en los dos o tres años siguientes.
      Durante ese tiempo los operadores instruidos por los Lumiére dan un paso de avance. La vista animada, la simple escena callejera, va transformándose insensiblemente en relato informativo, surge la competencia la casa "Pathé", que consigue récords informativos, crea la primera marca publicitaria "El gallo de Pathé" que llega a ser tan famoso como luego el león de la Metro y su primer slogan: "La revista Pathé lo sabe todo, lo ve todo".
     Con inusitada rapidez, la construcción de cinematógrafos va en aumento, no da tiempo a una normativa de seguridad, allí donde antes era un teatro ahora es un cine. La primera tragedia, fue en la sala Bazar de la Charité devorada por un pavoroso incendio. Entonces se ordenó que el proyector se aislara del público, mediante una cabina metálica.
 

David Wark Griffith

      Poco a poco, la mayor industria del mundo colocaba sus cimientos. En 1907 el cine descubría California, y Hollywood en ella. El primer rollo de película, unos 320 metros que se filmó en Hollywod por un tal Thomas Pearson, fue la historia del Conde de Montecristo.
      Todo un mundo se formo en aquél paraje de California, y los que luego serían monstruos sagrados: Adam Kessel, David Wark Griffith, Cecil B. de Mille, fueron tomando posesión de su reino y también de su imperio.


      El clima, el cielo, la belleza del lugar, con ser mucho no lo era todo en el alud de productores, técnicos artistas que en los años que precedieron a la primera gran guerra, se precipitaron sobre entonces una pequeña ciudad.  En 1870, Hollywood era simplemente un basto campo, y sobre ese campo se edificó el mayor imperio cinematográfico del mundo.
       Desde un principio esta lujuriosa industria, se vio envuelta en difíciles conflictos, primero la llamada guerra de las patentes, lucha larga y encarnizada entre los productores y el "trust de la motion patents".
       Los inventores del cine, no podían imaginar el naciente "arte" sino como una mera utilización de sus inventos, por el cual exigían que el dinero que producía el cine, por derecho, correspondía al inventor, a esto habría que añadirle las desavenencias entre distribuidores y productores. Pero pronto la vitalidad de la nueva industria se impondría, surgiendo las poderosas productoras que controlaron capital y artistas.



  CONTINÚA EN MI PANTALLA MÁGICA II

AUTOR DE LA PÁGINA: ARMANDO SERRANO

"Un poco de todo y un mucho de nada"



"Siempre tiene que existir un ejemplar de mi especie, de lo contrario se extinguiría la revolución y la lucha de la fantasía contra la maldita realidad."

Hermann Hesse

"Si le parece cara la cultura pruebe con la ignorancia".

Groucho Marx
"Lo bueno del cine es que durante dos horas los problemas son de otros."

Pedro Ruiz
"Fuera del perro, un libro es probablemente el mejor amigo del hombre, y dentro del perro probablemente está demasiado oscuro para leer."

Groucho Marx
 
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